Las redes sociales se han convertido, en un tiempo récord, en un nuevo mundo, inaccesible o inabordable para muchos adultos. Un mundo en el que los formatos de comunicación han sufrido notables y probablemente, irrenunciables modos de interacción entre las personas. Un camino sin retorno, sin vuelta atrás. Un mundo de frente, inacabable, que cambia las cosas para siempre. Y hablamos de cosas que son la esencia de la vida. La mirada, el abrazo, la escucha, la conversación, la presencia; el estar, compartir y hablar. Un mundo sin fronteras, para lo bueno y menos bueno. Un mundo de ciudadanos digitales, situado en el corazón de un espacio en red, en ocasiones sin red que te proteja.

Se han diseñado y desarrollado numerosas actuaciones, de envergadura y recorrido, pensadas y planificadas con la mejor de las intenciones, y orientadas, de una u otra manera, a poner cierto orden en el escenario de uso de las TIC por nuestros adolescentes, denominados ordinariamente nativos digitales. Hemos aprendido que no bastan las charlas aisladas, las conferencias de expertos o, incluso, la elaboración de materiales divulgativos que ocupan las baldas, ya repletas, de miles de estanterías. No parecen ser suficientes tampoco la invocación al miedo, ligado a la especificación de riesgos o consecuencias indeseables de comportamientos inadecuados.

Solo abordaremos de manera constructiva este reto cuando lo veamos desde la perspectiva de la tarea educativa, de la responsabilidad compartida que tenemos los adultos por dotar de coherencia y sentido el desarrollo de nuestros hijos, de nuestros pequeños, de nuestros alumnos. La educación es cosa de todos, por supuesto, y cosa de todos es afrontar nuestra labor para ayudar a crecer desde la ética del comportamiento, de la reflexión, de la ayuda mutua, de la solidaridad y el respeto hacia los demás, de la conducta honrada. Y todo ello, en cualquier escenario, sea analógico o digital.  Sin perjuicio de la responsabilidad de los padres en la tarea de andamiaje y soporte del crecimiento y maduración de los más pequeños, los centros educativos tienen, tenemos, un papel esencial en esta tarea, en este tejido de relaciones y ejemplos que configuran la acción educadora. Y no podemos mirar hacia otro lado. Hemos de actuar. En el marco del desarrollo curricular y, por supuesto, en el contexto de la acción tutorial.

 

Proyecto de alumnos ayudantes en TIC

Ayudantes

Tarjeta de ayudante. IES Enrique Tierno Galván, Leganés

El Proyecto de Alumnos Ayudantes TIC que a continuación se esboza forma parte de un trabajo desarrollado en y por los centros educativos.  La idea esencial de trabajo en centros tiene un sello de diseño y desarrollo de buenas prácticas, y recoge la amplia trayectoria que, en materia de promoción de la convivencia, vienen desarrollando un buen número de centros educativos, singularmente IES en el ámbito de la enseñanza pública, y no pocos centros concertados. La experiencia planteada incorpora, asimismo, las iniciativas puestas en práctica en materia de formación de alumnos ayudantes en los contenidos antes citados, trasladando el modelo de formación y ayuda en cascada al ámbito de las TIC y su uso por parte de niños y adolescentes.

Se trata de un modelo desarrollado en torno a principios fundamentales:

1. El trabajo empieza, sigue y termina hablando de y trabajando con valores. No es otra cosa el material con el que se cuenta. No es a otro sitio al que se pretende ir. La implicación del centro educativo es esencial.

2. La alfabetización digital, incluida la prevención de riesgos de mal uso, debe empezar pronto, y, de modo singular, en la educación primaria. Es en este contexto donde más oportunidades podemos encontrar para sembrar buenas prácticas, para dimensionar adecuadamente los riesgos de determinadas acciones.

3. La prevención de los malos usos y de los abusos empieza, también, por abordar la tarea con los más pequeños. Es frecuente escuchar en los centros de educación infantil y primaria que no suele aparecer este tipo de problemas. El ciberacoso es cosa de adolescentes, suele argumentarse. Pero esto no es exactamente así. Y cada vez menos. La experiencia nos dice que cuando se trata de educar han de asumirse riesgos. Hemos de trabajar con los alumnos, hablar con ellos, informarles, formarles, sensibilizarles. Con criterio, orden y planificación, pero sin miedo. Niños y, sobre todo, adolescentes van a asumir riesgos en la red. Y es necesario hablar sistemáticamente con ellos. De ello. Pero no tenemos que ser muy pesimistas. Más bien al contrario.

4. Lo que ahora vemos como negativo debe disminuir y va a disminuir. La información, la formación y la sensibilización tienen que contribuir notablemente a ello. El escenario que ahora presenciamos puede ser fruto, también, de la irrupción explosiva del fenómeno, sin cortapisas ni controles, gestión de nadie. Solo del propio usuario. Los riesgos de ahora, asumidos con información suficiente, devendrán en conductas acertadas en el futuro.

5. La importancia de formar en cascada: si algo hemos ido aprendiendo en relación al tratamiento y la gestión de los conflictos entre iguales en los centros educativos es que ellos los propios chicos son los que mejor contribuyen a la resolución de los problemas cuando han sido formados para ello.

6. La experiencia de formar a adolescentes para que ayuden a los más pequeños. Es imprescindible dar protagonismo a los chicos y las chicas, enseñarles a ayudar, a estar presentes y activos en situaciones en que el apoyo, el respeto y la solidaridad entre iguales.  Las posibilidades de penetración que tienen las ideas cuando son plasmadas y abordadas por chicos como ellos, pero con más edad y más experiencia (sobre todo en cómo afrontar los riesgos y salir de situaciones embarazosas, o no meterse en ellas), son inagotables. Superiores desde todos los puntos de vista a los resultados de las acciones que llevan a efecto los adultos. El modelo, ya experimentado en numerosos centros educativos, de la creación de equipos de alumnos ayudantes para la colaboración en la prevención, gestión y resolución de conflictos entre iguales es perfectamente válido para el desarrollo de esta iniciativa.

7. Los pequeños escuchan, leen la realidad que les es explicada, mostrada, con propias experiencias, en su lenguaje, con sus palabras, por quien es casi como ellos, está casi a su altura; por quien ha querido colaborar, ayudar, estar con ellos, aportándoles su experiencia, su interpretación de las cosas. Su discurso no suena a lección, o reproche. Ni siquiera a consejo. Es un diálogo. Entre iguales.

8. Potenciar en la comunidad educativa la capacidad de entender y educar en ciudadanía digital.

9. Hacer de la convivencia pacífica, del ejemplo de los mayores y de la implicación de todos, un modelo de comportamiento, el núcleo, el corazón del centro.

10. Crear redes de relación entre centros, procesos de colaboración, trabajo compartido y ayuda, más allá de los marcos de coordinación que pueden establecerse en la transición entre etapas, sin duda importantes.

 

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Por José Antonio Luengo Latorre
Blog Educación y desarrollo social
@jaluengolatorre

 


Imagen de cabecera: Ayudantes del IES Menéndez Pelayo de Getafe en el CEIP Santa Margarita de Alacoque

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