En el Centro Regional de Enseñanzas Integradas (CREI), el docente tiene la oportunidad de acceder a una experiencia llena de enseñanzas y posibilidades para desarrollar su creatividad.

Carlos
16 de diciembre de 2019

Afrontar una experiencia así, siendo la primera vez que desarrollaba una labor como profesor de secundaria, no ha sido fácil, pero el proceso y los resultados han sido tan satisfactorios que merece el esfuerzo llevado a cabo.

El CREI funciona como un instituto integrado en Centros de Ejecución de Medidas Judiciales para menores infractores. Con estos centros se trabaja en colaboración intensa y diaria para llevar el mayor conocimiento posible a las aulas y con la idea de que tanto para los internos, como para el profesorado, se trate de una experiencia enriquecedora.

La motivación para un docente que siente que su profesión se proyecta en el desarrollo humano de sus estudiantes más allá de la mera capacitación de los mismos en competencias, es enorme en el CREI.

Motivación por encima de todo

Muchos de los estudiantes con los que trabajamos vienen de situaciones de fracaso escolar y de baja motivación por el estudio. Por ello, el “profe CREI” tiene la oportunidad de convertirse en una de las voces con posibilidades de reenganchar al mundo del conocimiento y de la curiosidad a estos alumnos. Los resultados se consiguen tras un proceso no exento de esfuerzo, de negociación, de conversaciones intensas y de señalar los límites sin abandonar la escucha y la flexibilidad.

Por ejemplo, tuve a un estudiante enamorado que tras las clases de Lengua y Literatura acabó enviando poemas a la chica que le gustaba, quién sabe lo que pensaría ella al recibirlos, quizás que le habían cambiado a su Romeo. Otra alumna no quería hacer nada pero día tras día, tras un ejercicio de paciencia e insistencia tranquila, se convirtió en una de las más destacadas de la clase hasta el punto de recomendar lecturas a otros compañeros o contarnos lo último que había leído al resto de la clase. Otro estudiante no quería cambiar su forma de hablar. Hoy en día se le entiende casi perfectamente todo lo que dice y es capaz de modificar su vocabulario en función de si habla con iguales o habla con adultos. ¡Qué tarea tan apasionante y qué bonito ver cómo avanzan!

El camino no es fácil, pero las satisfacciones pueden ser enormes.

Una de las mayores satisfacciones me las llevé con un grupo en el que, según me comentaban personas con más experiencia, había casos de riesgo de abandono escolar. Tras su paso por el CREI, tuve la suerte de encontrarlos en el Centro de Menores. En medio de una conversación informal, me comentaron que habían pedido más horas para estudiar. ¡Era una petición que partía original y auténticamente de ellos!

Aprender con un sentido práctico

El “profe CREI” tiene un máximo de 7 alumnos por aula, trabaja codo con codo con los educadores sociales de los centros, que conocen muy bien a los alumnos ya que conviven con ellos muchas horas, y además, tiene la oportunidad de desarrollar su potencial a través del aprendizaje basado en proyectos, de las metodologías colaborativas, de la clase invertida, o de sus propios métodos originales y genuinos.

Estos estudiantes tienen una necesidad de aprender para hacer, de hacer para aprender, en fin, de un dinamismo práctico que les lleve a obtener algo que puede convertirse en un nuevo motor para sus vidas: una llave a oportunidades que ni siquiera hubieran imaginado de no haber llegado al centro.

Si te conviertes en un “profe CREI” espero que tengas la suerte de que a final de curso, después de haber trabajado mucho con ellos, algún estudiante te diga “gracias, profe”. Ese día sabrás que has contribuido a un cambio inolvidable y transformador para esa persona.

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